Debilidad venosa

Debilidad venosa crónica

Debilidad venosa

Insuficiencia venosa crónica

Existe debilidad venosa crónica (insuficiencia venosa crónica) cuando las venas ya no pueden cumplir adecuadamente con su función de transportar la sangre de retorno al corazón.

La causa radica fundamentalmente en el deterioro de las válvulas venosas tras una obstrucción o en el tejido conjuntivo demasiado blando que rodea las venas de las piernas, por lo que éstas se dilatan y las válvulas que contienen ya no pueden cerrarse adecuadamente. Ambas cosas hacen que la sangre ya no pueda bombearse de forma adecuada hacia el corazón y una parte se quede retenida en las venas. En consecuencia, las venas quedan permanentemente dilatadas formando varices. Alternativamente pueden aparecer hinchazones provocadas por el agua acumulada, las "piernas gruesas". Después aparecen engrosamientos de la piel y de los tejidos, inflamaciones dolorosas e incluso necrosis de los tejidos que llega a provocar úlceras venosas.

El primer indicio de una debilidad venosa crónica es la aparición de un abanico de venas dilatadas en el tobillo. A continuación vienen las piernas pesadas, el picor, el hormigueo y los calambres en la pantorrilla por la noche. El siguiente paso, que indica una fase avanzada de la enfermedad, es una coloración parda de la piel, unas manchas rojas que recuerdan a la erisipela y unas pequeñas manchas blancas sobre la piel.

A los primeros síntomas de afección venosa, deje que un médico (un flebólogo, un angiólogo, un cirujano vascular, un dermatólogo) le examine las piernas. En esta fase inicial pueden aplicarse medidas eficaces que prevendrán el avance de la enfermedad.

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