Presión venosa

El secreto de la circulación

Presión venosa - Presión venosa

Presión venosa decreciente

La presión venosa disminuye continuamente desde la periferia hasta el corazón. A la altura del tobillo de una persona de pie mide de 90 a 110 mmHg y depende de la gravedad y de la distancia desde el corazón hasta los pies. Por consiguiente, la altura de una persona resulta decisiva para la presión venosa en reposo estando de pie. Cuando nos movemos, la presión desciende hasta aproximadamente 20 mmHg siempre que se garantice suficiente drenaje venoso. Varios factores son importantes para el retorno venoso al corazón.

El efecto del corazón en la periferia (fuerza retrógrada)

El corazón es principalmente una bomba de presión y solo en segundo término una bomba de succión. En adultos con un corazón sano, se presiona una media de aproximadamente 70 mililitros de sangre desde el ventrículo izquierdo hacia la aorta en cada fase de expulsión. Este volumen de sangre ejerce una presión adicional (a la ya existente) sobre la columna de sangre en la aorta y las arterias que se derivan. Esto "empuja" la sangre hacia delante a través del sistema vascular mediante el lado arterial del sistema capilar en las vénulas y desde aquí a través de las venas en dirección al lado derecho del corazón.

Cuanto mayor sea el diámetro venoso en dirección al corazón, menor será la presión existente. En una persona sana tumbada, la presión de los capilares venosos es de aproximadamente 20 mmHg; esta desciende hasta unos 8 – 12 mmHg en la ingle, sigue midiendo alrededor de 3 – 5 ‏(mm/Hg) en la cavidad abdominal (intraabdominal), pero solo 2 mmHg en la aurícula derecha.

Estas presiones son adecuadas para el transporte de retorno de la sangre. La acción succionadora del corazón solo influye en el segmento venoso final, es decir, poco antes de que la vena cava superior desemboque en la aurícula derecha. Esta succión se produce durante la fase de expulsión y se genera mediante los movimientos de las válvulas en el corazón.

Succión provocada por la respiración (fuerza anterógrada)

La presión en el pecho es negativa (vacío parcial). Cuando inhalamos, esta presión negativa aumenta y, al mismo tiempo, crece la presión intraabdominal al descender el diafragma. Esto provoca que las válvulas venosas en la vena femoral se cierren.

Este fenómeno, llamado el principio de Valsalva, se utiliza en la investigación diagnóstica de las venas como primera prueba funcional exploratoria de las válvulas venosas. La presión venosa disminuye desde la cavidad abdominal hacia el pecho para generar succión en las venas torácicas.

Cuando espiramos, las válvulas se abren de nuevo como reacción a la caída en la presión intraabdominal. En consecuencia, las venas pélvicas y la vena cava inferior se llenan de sangre otra vez, la cual sigue fluyendo en dirección al corazón. Esta llamada bomba toraco-abdominal bifásica recibe el estímulo de la actividad cardiaca.

El tono venoso

La sangre de las venas ejerce presión en las paredes de las mismas. Esto genera una tensión en la pared venosa que sirve de contrapresión a la sangre y asegura que la presión venosa no siga creciendo. La presión venosa y el volumen de sangre venosa están estrechamente relacionados.

La bomba muscular

El sistema venoso profundo está rodeado de músculos. Debido a esto, cada contracción muscular comprime las venas para empujar la columna de sangre interior en dirección al corazón. Cuando los músculos se relajan, las válvulas venosas evitan el flujo retrógrado de la sangre hacia los capilares.

Trastornos

Solo una cierta cantidad de sangre se transporta en dirección al corazón con cada contracción muscular. En este sentido, los músculos de la pantorrilla desempeñan el papel más importante. Sin embargo, unas válvulas venosas eficientes son esenciales para un "drenaje" efectivo.

En general, cabe recordar que el transporte de sangre en las venas es pasivo y depende de la interacción de varios factores. Si solo uno de estos factores se ve afectado, por permanecer en cama, por ejemplo, el "ordeño" de las venas por la contracción y la relajación de la musculatura de la pantorrilla, pueden aparecer trastornos en el flujo de retorno. Esto puede provocar, a su vez, trombosis o incluso tromboembolismo.

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