A pesar de las dietas y de la actividad física, algunas acumulaciones de grasa se muestran resistentes.
Incluso tras repetidos esfuerzos para eliminar los "michelines", el efecto acostumbra a ser breve. Es algo bastante frustrante porque las células que habían encogido, no solamente no conservan su estado, sino que frecuentemente vuelven a crecer hasta un tamaño superior al original.
Solamente se consigue un éxito permanente con una liposucción, es decir, una reducción quirúrgica del número de células grasas de la zona del cuerpo afectada. El motivo es que el número de células grasas que habrá después de la pubertad ya está definido y no se modifica. Dependiendo del grado de llenado de las células grasas en función de la alimentación, los adultos serán más gordos o más delgados. La distribución de las células grasas por determinadas zonas no puede modificarse con el entrenamiento ni con la dieta.
Si la distribución de los depósitos locales es muy diversa, se habla de una obesidad local (casi siempre hereditaria) o de un trastorno de la distribución de la grasa (lipodistrofia). Es importante reconocer que una liposucción es una intervención quirúrgica y no una alternativa cómoda a una dieta bien hecha.
Desde la década de los 70 se han ido mejorando continuamente los métodos y las técnicas aplicados para reducir las células grasas y eliminar permanentemente los depósitos de grasa. A continuación le explicamos los métodos más importantes y más frecuentes, así como sus cuidados posteriores.
Cuidados posteriores
Al absorber la grasa entre la piel y el tejido adiposo, en su lugar queda un hueco. La propia elasticidad de la piel hace que se contraiga, si bien este proceso de contracción no es uniforme, precisamente en las zonas más amplias. Si no se trata correctamente, se forma una ondulación en la piel, que es un resultado inaceptable de la intervención.
Para evitar este tipo de marcas tras la intervención, la terapia compresiva no sólo es una ventaja sino algo imprescindible. El médico ordenará una terapia compresiva con una prenda de compresión, terapia que puede seguirse fácilmente mediante un corsé o un pantalón, cómodos de llevar y a la moda. Una compresión correcta desde el punto de vista médico favorece la contracción de la piel y evita la formación de hinchazones (edemas) y derrames sanguíneos (hematomas). El médico le indicará durante cuánto tiempo deben llevarse, aunque para conseguir un buen resultado quirúrgico no debe llevarse menos de cuatro semanas.
Normalmente la operación se evalúa al cabo de tres meses. En algunos casos puede ser necesaria una segunda intervención correctora. Por ejemplo, tras una gran liposucción en la zona abdominal, puede ser necesario tensar la piel. Algunos pacientes notan una cierta sensación de entumecimiento en la zona operada que suele desaparecer por completo al cabo de 6 a 12 meses.
